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  Pitágoras la música de las esferas
 
LA MÚSICA DE LAS ESFERAS Tomado el 02-XI-2010 de http://sirgalahad.wordpress.com/simbologia/c4-la-musica-de-las-esferas/ La doctrina Pitagórica de la Armonía de las Esferas es la quinta esencia de la belleza en la explicación pitagórica del Cosmos divino armonizado de forma fascinante por la concordancia de las proporciones aritméticas y musicales, que extrapoladas al Universo entero determinarían que los cuerpos celestes debían emitir en sus movimientos unos tonos musicales armoniosos, cuya combinación produce una maravillosa melodía permanente: La Música de las Esferas. Tal vez Pitágoras se remontaría a la Mitología puesto que en el himno de Ares, Homero se dirige a los planetas como si fueran un coro de voces divinas. La música cósmica se produce porque los cuerpos celestes, al ser de tamaño tan grande y moverse a velocidades gigantescas, emiten a través del éter un conjunto de sonidos de la misma manera que los cuerpos terrenales producen vibraciones cuando se mueven en el aire, como por ejemplo un abanico cuando suena en contra del aire. Los cuerpos celestes que giran sin interrupción en sus órbitas circulares, producen permanentemente armonías. En realidad la música de los hombres no es más que un eco de la Música de las Esferas, pero su instinto innato que hace que su alma resuene con la música, le proporciona un indicio de la naturaleza de las armonías matemáticas que se hallan en nuestra fuente cósmica. El sonido emitido por cada esfera corresponde a un tono diferente de la escala musical, dependiendo de los radios de sus órbitas, como los tonos musicales emitidos por las cuerdas dependen de su longitud. La vida en la Tierra se ve afectada por la Música de las Esferas porque ésta gobierna los ciclos de las estaciones, los ciclos biológicos y todos los ritmos de la naturaleza. Aquí tenemos una breve síntesis de la doctrina pitagórica sobre la “Armonía de las Esferas”. Las matemáticas y la música se unen en el concepto pitagórico de armonía que significa proporción de las partes de un todo. Cabe destacar que Pitágoras fue el primero en llamar Cosmos al conjunto de todas las cosas, debido al orden que existe en éste .Este orden por el que se rige el Cosmos es dinámico: El universo está en movimiento, es el movimiento de los astros y de las fuerzas que los mueven, que se ajustan en un Todo Armónico. Así, si el Cosmos es armonía, por lo tanto el alma es armonía. Para los pitagóricos las matemáticas y la música que se aprende por los ojos y por los oídos, constituyen los dos caminos para curar el alma. “la tonalidad del universo es armonía y número”. El número, alude al aspecto visual, geométrico y astronómico de los cuerpos del Cosmos. La armonía alude al sonido de los instrumentos afinados que hacen del Cosmos una orquesta sinfónica. La música puede restablecer la armonía espiritual. El vínculo de la música con la medicina es muy antiguo, y la creencia en el poder mágico-encantador, y con frecuencia, curativo, de la música, se remonta a tiempos anteriores a Pitágoras. La música era admirada y llamada purificación, por eso los pitagóricos purificaban el cuerpo con la medicina y el alma con la música. Por lo tanto se establece un lazo indisoluble entre salud y música, ya que las notas musicales producen armonía y orden, tanto en el cuerpo como en el alma LA ARMONÍA DE LAS ESFERAS ( I ): FILOSOFÍA DE LA MÚSICA Escrito por Manuel López-Benito Domingo 28 de Junio de 2009 11:35 Comentaba en el artículo de Historia de la Música Clásica “Grecia II” cómo Pitágoras aludía a la Armonía de las Esferas. Profundicemos un poco más en este concepto desde el punto de vista de la filosofía de la música. Pitágoras defiende que la relación matemática derivada del Número rige el mundo microscópico del alma y el macroscópico del Universo. Estas relaciones matemáticas pueden materializarse en una secuencia de sonidos. La leyenda establece que infirió esta suposición al escuchar tañer diversos martillos en una forja, observando que las alturas de los sonidos obtenidos obedecían a los pesos de los martillos, de manera que, por ejemplo, martillos cuyo peso estuviesen en la relación de 2:1 producían sonidos separados por una octava. La comprobación la hizo con el monocordio. Visitar el artículo mencionado más arriba. Las esferas, los planetas, debían regirse por la misma ley. Concluyó que el tiempo que los planetas tardaban en recorrer su órbita determinaba la altura de su nota planetaria dentro de la escala musical celeste. Y las distancias interplanetarias eran responsables de los intervalos tonales. El Universo se convertía así en un gran “sonador” estructurado armónicamente por estas relaciones planetarias. Cuando el matemático y astrónomo alemán Johannes Kepler (1571-1630) estudie y explique los movimientos planetarios, y enuncie sus famosas leyes, -Las Leyes de Kepler- que tantos de nosotros estudiamos en su día, va aproximarse a la música de las esferas para complementar lo expresado por Pitágoras. Kepler atribuye a cada planeta una sucesión de notas, otorgándole a la Tierra la sucesión mi-fa-mi. Entroncando con la teoría del ethos griego, la teoría de la carga moral del sonido, Kepler responsabilizó a esa secuencia de: “el hambre y el dolor que reina en este valle de lágrimas”. Recordemos que Europa estaba inmersa entonces en la devastadora Guerra de los Treinta Años. Para terminar este artículo citar que según el Génesis (4, 21), Jubal, descendiente de Caín es el patriarca de los tañedores de la cítara y la flauta (los dos instrumentos básicos de los griegos, -lira y aulós-, en su versión bíblica). Kepler establece que Apolo no es otro que Jubal, siendo Pitágoras, Hermes Trismegisto- tres veces grande- , el mensajero de los dioses del que deriva la Hermenéutica, ciencia de la interpretación de los textos, y al qué volveremos en posteriores artículos. Cierra, así, un círculo mágico que une la Mitología griega con el Antiguo Testamento y la música. Tendremos oportunidad de encontrarnos variantes de este círculo a lo largo del desarrollo de la Historia de la Música Clásica, aquí en clasica2.com. El grabado que ilustra la entrada de hoy pertenece a la obra Theorica musicae de Franchinus Gaffurius (1451-1522), compositor y teórico italiano, que dota al Renacimiento italiano de un corpus doctrinal musical con sus tres obras fundamentales: Theorica musicae (1492), Practica musicae (1496) y De harmonia musicorum instrumentorum opus (1518). Fijaros que este grabado muestra a Jubal, arriba a la izquierda, vigilando a los herreros forjando con sus martillos. En los otros tres cuadrantes vemos como el filósofo griego experimenta su teoría de las relaciones matemáticas y la altura del sonido con campanas de diversos tamaños, vasos de agua con distintas cantidades de líquido, diversos monocordios y flautas de distintas longitudes. LA ARMONÍA DE LAS ESFERAS (II) Athanasius Kircher (1601-1680), teólogo y teórico musical, escribió en 1650 un tratado de música- Musurgia Universalis- que influyó de manera decisiva en el desarrollo de la música occidental y de manera muy destacada en Johann Sebastian Bach (1685-1750) y Ludwig van Beethoven(1770-1827). Jesuita, nacido en Alemania, va a pasar la mayor parte de su vida en Roma donde ostentó, desde 1633 hasta su renuncia en 1643 para dedicarse a otra de sus pasiones: la Arqueología, una plaza de profesor en El Colegio Romano. Kircher representa al erudito curioso de todas las facetas del saber. Así se le reconoce, además de lo ya dicho, como: astrónomo- inventó varios relojes de sol-; filólogo- sabía hebreo, arameo, copto- por su interés en descifrar jeroglíficos-, persa, latín, griego y varias lenguas modernas-; vulcanólogo; físico en las dos vertientes acústica y óptica. Ars Magna lucis et umbral (Arte de la luz y las sombras) es su tratado sobre óptica. En fin, un personaje cuya biografía excede los límites de este artículo pero interesantísimo personaje. Centrémonos en su tratado musical. Con independencia de que volveremos sobre él en la sección de Caja de Pandora, hoy me gustaría que nos detuviésemos en una de sus magnificas ilustraciones que define y concentra algunos de los conceptos filosóficos comentados en la primera parte de La Armonía de las Esferas en clasica2. Para el análisis de la ilustración, desde ese punto de vista conceptual, voy a dividirla en tres partes: Superior, central e inferior. (Cuándo acabéis de leer el artículo acordareis conmigo que no podía dividirlo en ningún otro número de partes). Parte Superior El triangulo de la parte superior es el símbolo de la Santísima Trinidad que lanza sus rayos hasta alcanzar la esfera terrestre. Kirchner, en su tratado Musurgia Universal, defiende que la música es un reflejo de las matemáticas y de las proporciones esenciales de la Creación. De tal manera que la Santísima Trinidad, el origen creador, define al número 3, la representación numérica, como número creador. En virtud del 3, tres veces tres origina el número nueve. Y 9 son los coros de Ángeles, a cuatro voces, que orlan a la Santísima Trinidad en el grabado. Los Ángeles cantan armonías celestiales. En la ilustración, tal como se lee en la cinta que sujetan dos Ángeles laterales, cantan un canon a 36 voces- (9 coros de cuatro voces cada uno)- de Romano Micheli denominado Canoni sopra le di piu vocali , en la sección del Sanctus, Sanctus, Sanctus; (otra vez el número 3) Sección central La sección central nos muestra el globo terráqueo sobre el que se sienta la Música. Sujeta la lira de Apolo en una mano y la flauta de Pan en la otra. El globo está rodeado por el horóscopo. Podemos distinguir de izquierda a derecha a Tauro, Aries, Piscis y Acuario. La cinta que envuelve a la tierra dice: De Anastasio Kirchner de la compañía de Jesús Musurgia Universalis. La dedicatoria dice: A su Alteza Serenísima Leopoldo Guillermo Archiduque de Austria. En esta sección podemos ver un par de corros de sirenas bailando en la playa y en la orilla, un pastor comprobando el efecto del eco gritándole al montículo de la derecha, y arriba, en la cumbre del mismo vemos a Pegaso, el caballo alado de las Musas. Parte inferior En la parte inferior nos muestra a Pitágoras señalando la forja, en forma de oreja, con los herreros, sus martillos y sus yunques. Alusión a la teoría pitagórica tan importante para la definición de las alturas de los sonidos, como ya hemos visto. en el capítulo anterior. Pitágoras se apoya en una columna que contiene una inscripción geométrica del triangulo y su teorema. Una nueva alusión al número 3 y a la Santísima Trinidad creadora. La musa de la derecha puede ser Polimia. Posa con diversos instrumentos musicales señalando con su índice a un laúd. La música de las esferas celestes, representada por la esfera central, es un reflejo de la música divina que interpretan los nueve coros de Ángeles. La armonía creadora basada en el poder engendrador del número 3 se refleja en la armonía de las esferas representadas también por el horóscopo. La armonía de las esferas y el descubrimiento de Urano Por: Esperanza Carrasco Licea & Alberto Carramiñana Alonso. Diario Síntesis, 28 de Enero de 1997 A finales del siglo XVI se conocían seis planetas: Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter y Saturno. Kepler, entonces un joven de veinte años, creyó saber el porqué solo existían seis planetas. Desde los tiempos del sabio griego Pitágoras se sabía de la existencia de cinco figuras geométricas, los llamados sólidos "platónicos", cuyos lados son polígonos: el cubo, el tetraedro, el dodecaedro, el icosaedro y el octaedro. Kepler ideó un esquema que consistía en meter una esfera dentro de cada una de estas figuras y cada figura dentro de otra esfera mayor. Así, la esfera exterior, que representaba la órbita de Saturno, contenía al cubo, el cual contenía a la esfera de Júpiter, la cual contenía al tetraedro, el cual a su vez contenía la esfera de Marte, y así hasta llegar a la esfera de Mercurio, contenida en el octaedro. Kepler maravillado por esta construcción, la cual consideró una revelación divina, intentó construir un modelo para checar si las distancias entre los planetas y el Sol iban en la misma proporción que los tamaños de las esferas. Sin embargo estas no coincidían, pero tan convencido estaba Kepler por esta armonía entre los planetas y los sólidos de Pitágoras, que concluyó que las observaciones debían contener algunos errores. Aunque él mismo pudo comprobar años después que este modelo no explicaba las posiciones de los planetas, Kepler siguió creyendo de una manera u otra en esta "armonía de las esferas" ya que explicaba el número de planetas. Kepler conoció seis planetas los que explicó con los cinco sólidos de Pitágoras. Un siglo y medio más tarde, William Herschel estudiaba los cielos guiado por el deseo de ver lo que otros habían visto y más. Para ello construyó, con la ayuda de su hermana Caroline, espejos de gran tamaño y calidad para sus telescopios. Herschel se fijó como meta el estudio de estrellas distantes y nebulosas. En 1779, Herschel habiendo observado todas las estrellas hasta la cuarta magnitud, decidió emprender un censo más detallado de los cielos. El 13 de marzo de 1781, encontró un objeto que él sabía que no era una estrella. Primero pensó que se trataba de un cometa y varios astrónomos decidieron estudiarlo. Tan superior era la calidad de los telescopios de Herschel, que en el observatorio de Greenwich no fue posible utilizar las estrellas que Herschel dio como referencia para medir la posición del objeto. ¡Estas estrellas eran demasiado débiles para los instrumentos del observatorio real inglés! Después de muchos esfuerzos, en el verano del mismo año quedó establecido que el movimiento del objeto no correspondía con el de un cometa. El astrónomo berlinés Johann Bode encontró que Tobias Mayer ya había a Urano veinticinco años antes, pero sin darse cuenta de que se trataba de un planeta. Existe incluso registro de que en 1690 el notable astrónomo holandes Flamsteed también lo había visto. Sin embargo, Herschel fue el primero en percatarse de la naturaleza de este objeto y en unos cuantos meses quedó establecido que había realizado el primer descubrimiento histórico de un planeta, al que llamó "Georgidum Sidus", en honor al entonces rey de Inglaterra, Jorge III. Afortunadamente otros nombres fueron sugeridos, entre ellos "Herschelium", "Neptuno" y "Neptuno de Gran Bretaña". Con el tiempo fue ganando aceptación la propuesta de Bode de llamar al nuevo planeta Urano, padre de Saturno y abuelo de Júpiter. El descubrimiento de un séptimo planeta vino a echar por tierra la antigua idea de Kepler acerca de los cinco sólidos de Pitágoras y las esferas de los planetas. Y a pesar de más de un siglo antes Galileo ya había descubierto nuevos mundos, las lunas mayores de Júpiter, el hallazgo de Herschel fue una sorpresa que cambió nuestra noción acerca del sistema solar. Urano está dos veces más lejos del Sol que Saturno, por lo que el tamaño del sistema solar se había duplicado. Pero más importante era el hecho de que era posible descubrir planetas nuevos y que los límites del sistema solar no estaban establecidos. De hecho el estudio del movimiento de Urano daría lugar muchos años después al descubrimiento de otro planeta aun más lejano. Herschel rompió la "armonía de las esferas" para abrir un nuevo horizonte.
 
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