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  EL EMPIRISMO
 

EL EMPIRISMO ESTADO DEL ARTE

Escuela filosófica que se desarrolla en Inglaterra entre los siglos XVII, XVIII.

El Empirismo sostiene que la única causa del conocimiento humano es la experiencia, bajo tal supuesto el espíritu humano, por naturaleza, está desprovisto de todo conocimiento, por lo tanto, no existe ningún tipo de conocimiento innato, los seres humanos cuando nacen son como una tabla en blanco donde no hay nada escrito. Una de las corrientes filosóficas procedentes del empirismo, que destaca por su importancia, es el Positivismo (y el Positivismo Lógico), que indica que la ciencia es el conocimiento de los hechos, de los sucesos observables y medibles. El empirismo y el positivismo tienen sus principales representantes en Bacon, Locke, Hume, Berkeley y el Círculo de Viena.

Antecedentes del empirismo.

ARISTÓTELES. Nació en Estagira, Hacia el año 384 a.C  Su padre, Nicómaco, fue médico de cabecera del rey Amintas II de Macedonia. El año 367 entró en la escuela de Platón, en Atenas, en la que permaneció hasta la muerte del maestro.

Los escritos de Aristóteles se pueden clasificar en dos grupos: los exotéricos, (destinados al gran público no iniciado en la filosofía, algo así como lo que hoy llamaríamos "de divulgación") y los esotéricos (dirigidos a un público ya iniciado en el saber filosófico).

El resultado más importante de la lógica aristotélica es esta doctrina del silogismo, que él considera el esquema de toda inferencia válida. Define y clasifica todas las formas válidas de silogismo, distinguiendo entre ellos los verdaderos y los meramente correctos. De hecho un silogismo correcto sólo llega a la verdad si las premisas son verdaderas. Para demostrar la verdad de las premisas se puede recurrir a otro silogismo, pero dado que este proceso no puede continuarse hasta el infinito, es necesario que existan algunos principios supremos evidentes por sí mismos, que no necesitan de demostración. Estos principios son: principio de identidad, principio de no contradicción y principio del tercero excluido.

Todos los seres vivos se presentan a Aristóteles como poseedores de alma (psyché), con lo cual se distinguen de los seres inanimados o inorgánicos.

Distingue tres clases de alma:

1.- Vegetativa (propia de las plantas, pero presente también en los animales y en el hombre)

2.- Sensitiva (propia de los animales y del hombre)

3.- Racional (exclusiva del hombre)

ALMA: Causa del movimiento del cuerpo, conoce y es incorpórea. Muere con el cuerpo, pero permanece la nous, que es inmortal.

La mente al nacer es "tamquam tabula rasa", en la que nada hay escrito. El conocimiento comienza en los sentidos, como nos demuestra la experiencia. Las captaciones de los sentidos son aprehendidas por el intelecto pasivo, en forma de imágenes o fantasmas (phantásmata). Cuando el entendimiento activo procede a la abstracción, surge el universal, generándose así el concepto. De esta forma llegamos al conocimiento suprasensible.

Él es el primero que logra configurar la filosofía como una ciencia dentro de un sistema global del saber humano. En la cima de ese saber se sitúa la filosofía en su acepción específica de metafísica, que señala a las otras ciencias sus límites y sus conexiones.

Siglo XIII. Empiezan a aparecer las primeras aportaciones de lo que será la filosofía empirista. Bacon es el primer autor que comienza esta línea del pensamiento haciendo un fuerte hincapié en los estudios experimentales. Hizo las primeras aportaciones sobre el estudio del método científico.

Francis Bacon (22 enero 1561 – 9 abril 1626)  (Tomado de la Web: rincondelvago.com)

Francis Bacon es conocido como el más influyente y versátil escritor inglés del siglo XVII, sus obras abarcaban un gran número de materias, incluidas la ética, filosofía, ciencia, derecho, historia y política. Fue un hombre decisivo para el alcance del pensamiento científico moderno, al desarrollar un proceso de razonamiento llamado inducción, este proceso consiste en obtener conclusiones generales a partir de situaciones particulares.

Bacon se manifiesta como crítico de la forma de investigar de la edad media, afirmando que es preciso partir de la experiencia y no de los conceptos, que es necesario sustituir el método deductivo por el inductivo, que toda investigación debe partir de la observación y la formulación de hipótesis, y que la investigación debe ser sistemática y rigurosa.

Las obras filosóficas de Bacon estaban influidas por Montaigne y Maquiavelo y gira en torno a su proyecto de reformas de las ciencias Instauratio Magna. La base para esta renovación la centro en su Novum Organum, que hizo contraste con al Organon Aristotélico, como una nueva forma de lógica inductiva. Además escribió utopías como la Nueva Atlántida, basada en una ciudad gobernada por sabios. También realizó una nueva división de las ciencias en base a las facultades del hombre: la filosofía responde a la razón, la historia a la memoria y la poesía a la imaginación.

Como filósofo, a Bacon se le suele considerar fundador de la filosofía moderna, en su tenden­cia empírica, y padre de la moderna investiga­ción científica; pero ambas cosas resultan exage­radas. Bacon tuvo el mérito de considerar insu­ficiente el escolasticismo y tratar de exponer un nuevo método de investigación mediante el co­nocimiento minucioso de la naturaleza, prescin­diendo de todos los prejuicios que procedieran de las ideas aceptadas sin comprobación o de opiniones de autoridades antiguas tenidas como dogmas. Pero él mismo no fue demasiado conse­cuente con sus propósitos, y, en su filosofía, hay todavía mucho de escolasticismo y de pre­juicios aceptados sin examen. Aspiró a superar, en su Instauratio Magna, la autoridad (entonces casi absoluta) de Aristóteles, cuya influencia, sobre todo en las ciencias naturales, impedía investigar libremente. Con ese mismo fin escribió su Novum Organum, en el que exponía un nuevo método de razonamiento inductivo me­diante la observación minuciosa que sustituyera al método deductivo basado en la abstracción y en las autoridades antiguas. Trató de que el co­nocimiento se bastara en la experiencia sensible ayudada por el intelecto, pues la observación había de completarse con la reflexión metódica y con la experimentación. Negaba la existencia de las ideas innatas. Los prejuicios de los que debía huir el investigador eran clasificados por Bacon en cuatro grupos a los que llamaba idola (ídolos) y eran los prejuicios procedentes de la propia especie humana; de la personalidad indi­vidual; de las relaciones con las demás personas y de las autoridades antiguas y contemporáneas.

El inconveniente de la labor filosófica de Bacon, de indudable valor en su intención, es que su autor no profundizó suficientemente y nunca pasó de ser un simple aficionado en sus investi­gaciones, en las que ni siquiera aplicó los méto­dos que propugnaba. No sintió demasiada curio­sidad por la ciencia de su tiempo y así ignoró o desdeñó los trabajos decisivos de Copérnico, Kepler, Galileo y Vesalio.

Gran parte de su fama descansa, sobre todo, en sus Ensayos. La denominación de Essays (ensa­yos) no tiene del todo la acepción que moderna­mente se da a ese género, sino la de reflexiones e intentos de sopesar y valorar un tema cual­quiera. Los ensayos abarcan temas muy di­versos, desde los proyectos ideales para la cons­trucción de un palacio o la de unos jardines, hasta los aspectos característicos del matrimonio y la soltería, con otros tradicionales sobre la ira, la envidia, etc., y otros muchos dedicados a temas políticos y de gobierno.

Los Ensayos de Bacon están escritos en la prosa inglesa más condensada y sencilla que jamás se haya escrito; por eso su lectura requiere mucha atención. Aunque Bacon rechazaba el escolasticis­mo y la dogmática aceptación de autoridades an­tiguas, sus ensayos están cuajados de citas lati­nas; pero en sus tiempos eso no era tina dificul­tad para el lector culto, ya que el latín seguía siendo el idioma científico y filosófico y de cuantas obras pretendieran un mínimo nivel de seriedad en el mundo del saber.

La Filosofía de Bacon. En una época de reformadores, Bacon quiere ser también un reformador. Pretende reformar la sociedad a través de la ciencia aplicada (éste es el mensaje de su utopía, La Nueva Atlántida); pero ello presupone reformar antes la ciencia, en sus objetivos y en sus métodos.

El proyecto fundamental de Bacon es, pues, éste: «Establecer y extender el dominio de la raza humana sobre el Universo, [...] lo cual depende, por entero, tanto de las artes como de las ciencias. Porque no podemos dominar la Naturaleza sino obede­ciéndola» (Novum Organum, I,129). Hay que utilizar la Naturaleza para hacer feliz al hombre: se trata de un humanismo «técnico» (o industrial), puesto que Bacon afirma que «la introducción de famosos descubrimientos ocupa, con mucho, el primer lugar entre las acciones humanas» (Novum Organum, I,129), y beneficia más que las reformas sociales o políticas. Con razón se ha llamado a Bacon «el filósofo de la revolución industrial» (Farrington). Ahora bien, sólo se puede dominar la Naturaleza obedeciéndola, es decir, adaptándose a su estructura y sus leyes. La técnica requiere, pues, un previo conocimiento de la realidad: la ciencia. Sin ella, los inventos no son sino casualidades.

Principios Filosóficos. Crítica A La Lógica Aristotélica. El fallo de la lógica aristotélica es que «sirve más para fijar y consolidar errores fundados en nociones vulgares, que para inquirir la verdad», es decir, «no aprehende la realidad» (1, 12 y 13). Se basa, en efecto, en nociones confusas como «substancia», «cualidad», «generación y corrupción», «elemento»... obtenidas precipitadamente, por lo que carecen de solidez y están mal definidas. Por tanto, esta lógica falla en su fundamento: en las nociones y axiomas que utiliza, todos los cuales carecen de valor científico.

Bacon señala que existen dos caminos para descubrir la verdad. Uno es el de las anticipaciones de la Naturaleza, que es un camino precipitado y erróneo: «Parte volando de los sentidos y de los hechos particulares a los axiomas más generales, y partiendo de estos principios y de lo que cree verdad inmutable en ellos, procede a la discusión y descubrimiento de los axiomas medios'. El otro camino es el de a interpretación de la Naturaleza, que «hace salir los axiomas de los sentidos y de los hechos particulares, elevándose progresivamente para llegar a los principios más generales>'. Sólo este segundo camino, que es lento y progresivo, vale para establecer los principios que permiten conocer la Naturaleza. Es el camino de la inducción.

Por tanto, la diferencia no consiste en que un camino utilice la experiencia y el otro, no. Ambos la utilizan, pero la lógica aristotélica no llega a tocar la naturaleza real, sino que la «anticipe» simplemente: salta antes de tiempo a los principios más generales, por lo cual «sólo se toca la experiencia de pasada». Además utiliza una «experiencia superficial, unos pocos hechos particulares», y si se presenta algún hecho que contradice los axiomas tan precipitadamente obtenidos, «se los salva con alguna frívola distinción, en vez de hacer lo más acertado: corregir el axioma».

Ahora bien, «las anticipaciones son mucho más poderosas que las interpretaciones para conquistar nuestro asentimiento, [...] ya que se apoderan inmediatamente del entendimiento y llenan la imaginación» (1, 28). Es decir: algo hay en la mente que nos inclina hacia el error y el camino fácil. Por eso, antes de enseñar el método de interpretación de la Naturaleza, hay que eliminar los prejuicios o «ídolos» de la mente.

Bacon pretendió reformar la ciencia y el método científico, pero fracasó en el intento: la «revolución científica» sería hecha por los mismos científicos, y Bacon no era uno de ellos. Todo comenzó con el De revolucionibus orbium coelestium, publicado en 1543 cuando su autor, Copérnico, acababa de morir. El prologuista y editor, Andreas Osiander, quitaba importancia a la obra, afirmando que sólo contenía hipótesis que permitían calcular los movimientos celestes, pero que no pretendía que tales hipóte­sis fueran «verdaderas, ni incluso verosímiles, sino que únicamente permitieran hacer cálculos conformes con los hechos observados». Desde luego, ésa no era la opinión de Copérnico, pero se evitó el escándalo. La gran batalla comenzó cuando Kepler y Galileo defendieron públicamente la hipótesis copernicana del heliocentrismo.

Novum Organum. Considerada como la obra más importante de Francis Bacon, el Novum Organum fue publicado en 1620. Se­gún la intención de su autor, había de formar parte de un vasto tratado general de las ciencias denominado Instauratio magna, que jamás fue concluido. En el mar­co de esta «gran instauración», el Novum Organum ha­bía de ocupar la segunda parte, la primera había de estar constituida por una enciclopedia de las ciencias, en tanto que exposición de los principios generales del método, del «nuevo método» científico que Bacon proponía como sustitución del obsoleto «organon» aristotélico.

El Novum Organum, que se compone, a su vez, de dos libros, tiene su punto de partida, pues, en el recha­zo de la lógica de Aristóteles y en la necesidad de en­contrar un nuevo método de investigación de la natura­leza. La lógica aristotélica, base hasta entonces de las ciencias, ha de ser reemplazada por una nueva lógica experimental e inductiva. Ello es necesario por cuanto la lógica del filósofo griego es esencialmente deductiva, parte de algunas observaciones empíricas, pero se pre­cipita rápidamente en una generalización que olvida la existencia de principios intermedios. Para decirlo en palabras de Bacon, la lógica aristotélica es una vía de investigación y de descubrimiento de la verdad que par­te de las sensaciones y de los hechos particulares para elevarse rápidamente a las proposiciones más generales y, basándose en estos principios, cuya verdad se supone inmutable, descubre las proposiciones intermedias. A esta vía que se sigue de ordinario, Bacon opone una nueva forma de acceso a la verdad, que parte igual­mente de las sensaciones y de los hechos particulares, pero que «obtiene de ellos proposiciones, ascendiendo de un modo continuo y progresivo la escala de la gene­ralización hasta llegar a los principios más generales». Esta vía propuesta por Bacon es la verdadera, aun cuando nadie ha intentado ir por ella.

El Novum Organum comienza, como se ve, con una auténtica declaración de principios por parte del autor, de la que es inseparable la crítica de la tradición, esto es, del significado de la ciencia recibida, de su validez, de las dificultades que han trabado su progreso y de las perspectivas que ofrece el porvenir. Bacon reconoce que la ciencia europea tiene su origen en los griegos, y que otras civilizaciones, como la romana o la árabe, prosiguieron el esfuerzo de aquéllos. Pero esto no es obvio para que critique el escaso interés por la ciencia de la naturaleza que predomina en el pensamiento anti­guo y medieval. Y para que despoje a la idea de la antigüedad de una doctrina de cualquier garantía de so­lidez científica.

La crítica del pensamiento recibido, de sus prejuicios y de sus errores ocupa la parte principal del primer li­bro del Novum Organum, a modo de preliminar de la filosofía de la ciencia que Bacon desarrolla en el segun­do libro. Se trata de la pars destruens, que constituye una especie de fenomenología del error, y en la que se expone la célebre teoría baconiana de los idola.

Los «ídolos» (mencionados anteriormente) son, para Bacon, las tendencias del in­telecto humano que dan lugar a los errores y a los prejuicios, y que ocultan, por tanto, el verdadero sa­ber, de igual manera a como los ídolos entorpecen la visión del verdadero Dios. Bacon distingue cuatro tipos de ídolos.

Ídolos de la tribu: analizados en primer lugar, son los más importantes, por su carácter generalizable a todos los hombres. Se expresan, por ejemplo, en la tendencia intelectual a considerar que las cosas existen en un gra­do de orden y de igualdad mayor del que en realidad se encuentran, un ejemplo de esto es el error de asignar a todos los astros órbitas perfectas. De esta tendencia se deriva la búsqueda de una falsa analogía entre fenómenos que por su carácter irregular escapan a la formulación de leyes. Los «ídolos de la tribu» están presentes también en la tendencia conservadora de la mente humana, por la cual el hom­bre se resiste ante cualquier novedad, y la asimila, dis­torsionándola, a algo que ya conoce; actitud que tiene por consecuencia el otorgar un carácter preeminente a la afirmación antes que a la negación (importantísima para Bacon a la hora de formular un axioma). Estos ídolos conducen, final­mente, a la falsedad porque se apoyan en los datos en­gañosos que proporcionan los sentidos. Estos impiden, a menudo, la captación de los delicados y sutiles cam­bios que se producen en la naturaleza.

Ídolos de la caverna: Son propios de cada individuo, el cual es como una caverna en la que se quiebra la luz de la Naturaleza. Proceden del temperamento, edu­cación, lecturas y experiencias particulares de cada uno. Unos se entusiasman con todo lo nuevo, y otros prefieren lo antiguo; unos prefieren la especulación y le someten las experiencias (Aristóteles), pero otros dan preferencia a los expe­rimentos y derivan de ellos absurdas especulaciones (la alquimia), etc.

Ídolos del foro: Proceden de la relación entre los hombres, y radican en la fuerza de las palabras, que transmiten nociones fantásticas y perturban La mente. Según Bacon, son los ídolos más peligrosos. Las palabras substituyen a la realidad, y aunque se intenta dominarlas por medio de definiciones, «las definiciones mismas están hechas de palabras, y las palabras engendran palabras» (1, 54).

Ídolos del teatro: Proceden de los sistemas filosóficos anteriores, y de sus mé­todos y lógica (todos los cuales son «como mundos ficticios y teatrales»). Son, por un lado, «los principios y axiomas de las ciencias que siguen prevaleciendo gracias a la tradición, la credulidad y la negligencia»; pero también «las malas reglas de la demostración» (1, 49). Por eso, el método propuesto por Bacon deberá luchar contra un poderoso enemigo que está en la misma mente: el ídolo de la lógica vulgar y de la lógica aristotélica.

La segunda parte de Novum Organum desarrolla pro­piamente el método inductivo de Bacon; es la pars ad­struens, en la que se trata de construir el saber, una vez se ha procedido a la crítica de los «ídolos» o errores. De acuerdo con la segunda vía de acceso a la verdad anteriormente referida, para Bacon lo más importante es colmar el vacío que el aristotelismo había dejado en­tre la observación empírica de los hechos y la precipita­da generalización que luego sirve para deducciones fal­sas. Hay que proceder, por tanto, al establecimiento de las reglas que ha de seguir la experimentación, a fin de que la observación empírica sea rigurosa; y permita escalonadamente la formulación de unos axiomas intermedios y luego de unos principios más generales.

En el método inductivo de Bacon es esencial, en pri­mer lugar, confrontar los hechos que se observan por medio de unas «tablas» que aseguren un orden a la ex­perimentación. Las tablas más importantes son las de presencia (tabula presentiae), las de ausencia (tabula absentiae) y las de grado (tabula graduum). Las tablas de presencia se elaboran con el objeto de consignar en ellas los casos en que se verifica un determinado fenó­meno. Las de ausencia, por el contrario, registran los casos en que, contra lo esperado, el fenómeno no se produce. La tabla de grados registra, finalmente, el au­mento o la disminución del fenómeno. Otras tablas, co­mo las de proximidad, desviación, etc., tienen el mismo objetivo que las mencionadas.

El Método Inductivo. Hay que recordar que para Bacon la ciencia debe tener un objetivo práctico: trans­formar la Naturaleza para ponerla al servicio del hombre, lo cual supone conocerla bien. Por tanto, también el método tiene finalidad práctica (y teórica, por supuesto).

Bacon utiliza aquí una terminología particular. Todo cuerpo, escribe, posee múl­tiples naturalezas (propiedades, cualidades), las cuales tienen como causa inmanente una forma (esencia y ley inmanente). Bacon pretende que su concepto de «forma» nada tiene que ver con el concepto aristotélico correspondiente, lo cual no es del todo cierto. En cualquier caso, la «forma» siempre está oculta, y debe ser descubierta. Y lo interesante es esto: si descubrimos la «forma», podremos modificar las propiedades (o «naturalezas») de las cosas de un modo seguro, y no sólo por el azar de experimentos no dirigidos (como en la alquimia o la magia). Bacon perseguía fines prácticos como hacer un cristal más transparente, un hierro más ligero y resistente, etc. Así pues, el objetivo del método era conseguir «engendrar en un cuerpo una nueva o nuevas naturalezas, transformar unos cuerpos en otros, en la medida de lo posible».

El método para descubrir las formas es la inducción. Y tiene las siguientes partes:

1. Se reúnen todos los hechos que sean posibles acerca de la «naturaleza» que se quiera investigar. Por ejemplo, el calor. A esta parte la llama Bacon «Historia natural y experimental»

2. Se ordenan estos hechos según tres tablas: tabla de presencia (hechos en los que se da esa naturaleza o fenómeno), tabla de ausencia (hechos en los que no se da), tabla de grados (hechos en que varía). En la primera tabla se trata de reunir los hechos más dispares posibles; en cambio, en la tabla de ausencia se trata de recoger hechos semejantes a los de la primera tabla, pero tales que en ellos no se manifieste el fenómeno. Ambas tablas deben ir, pues, coordinadas entre sí. Por ejemplo, en la primera tabla recoge Bacon los rayos del Sol como primer hecho (en los que se da el calor), y en la segunda, los rayos de la Luna.

3. Se procede a la inducción propiamente dicha, la cual comienza por el pro­cedimiento de exclusiones: excluir como «forma» aquello que no se encuentra cuando se da el fenómeno, o que se encuentra cuando no se da, o que aumenta cuando el fenómeno disminuye, o disminuye cuando el fenómeno aumenta. La coordinación de las dos primeras tablas facilita las exclusiones: en el ejemplo citado, Bacon dice que hay que excluir el fulgor y la luz como causa o «forma» del calor (puesto que hay luz en los rayos del Sol, pero también en los de la Luna). A base de exclusiones, dice Bacon, «quedará como en el fondo, desvaneciéndose en humo las opiniones volátiles, la forma positiva, sólida y verdadera, y bien determinada».

4. Ahora bien, Bacon reconoce que este trabajo es muy arduo y supone muchos rodeos. Por eso propone algunos auxiliares para la inducción. El primero es lo que llama «esbozo de interpretación», o «primera vendimia», que no es sino la formulación de una hipótesis provisional a partir de los casos en que la forma buscada parece encontrarse de un modo más claro. A continuación señala Bacon nueve auxiliares más para la inducción, de los cuales sólo de­sarrolló el primero: la enumeración de veintisiete «hechos preferentes».

En realidad, Bacon no inventó la inducción: ya fue utilizada desde los primeros filósofos griegos. Pero Bacon ve en la inducción de los antiguos una «anticipación» de la Naturaleza. Además, era una inducción que procedía por «simple enumeración» (de casos positivos), deficiencia que Bacon supo ver, por lo que junto a la tabla de «pre­sencia» añadió la de «ausencia» y «grados», en lo cual consiste la verdadera innovación baconiana. Sin embargo, Bacon no consiguió perfeccionar su método inductivo, y finalmente pareció dejarse vencer por la complejidad del mismo.

Además, Bacon no llegó a captar el valor de las matemáticas, y cifró el objetivo de su método en la búsqueda de la «forma» (esencia) y de las «naturalezas» (cualidades). Justamente, los grandes científicos de esta época se orientarán en una dirección con­traria: el método hipotético-deductivo, la matematización, la consideración cuantitativa. Bacon ignoró realmente la ciencia de su época y creó un método que nadie llegó a utilizar.

BIBLIOGRAFIA

Bacon, Francis. “Ensayos”; Editorial Aguilar 1980, Argentina.

Bacon, Francis. “Novum Organum”; Editorial Sarpe 1984, España.

Tejedor Campomanes, César. “Historia de la Filosofía en su marco cultural”; editorial SM 1996, España 16

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

John Locke (22 agosto 1632 – 28 octubre 1704) es considerado como el fundador del empirismo moderno, afirma que el entendimiento proviene del conocimiento sensible, afirma que de las sensaciones, o ideas simples, provienen por asociación las otras ideas, o complejas. En su obra refuta la teoría innatista sobre las ideas (Locke 1998).

(Felipe Giménez. Profesor de filosofía de IES Web.filosofía.net).

1. Gnoseología. Límites del entendimiento humano. Locke (1632-1704) considera que todos nuestros conocimientos provienen de la experiencia, de ella se derivan y a ella se reducen. La filosofía de Locke se dirige contra las ideas innatas, contra el apriorismo. Locke pretende dar razón de conceptos tales como causa, sustancia, a partir del análisis de los sense data, un análisis psicológico. Este análisis es el tribunal que evalúa la validez y los límites del entendimiento humano, así como la validez y los límites de los conocimientos de los que éste dispone. El valor objetivo de los conocimientos queda justificado desde el supuesto de la realidad de los dos polos del conocimiento: conciencia y mundo exterior. Acepta la trascendencia del conocimiento, al que llega a describir como la "copia (picture) que nuestras ideas deben ser respecto de sus objetos (Essay, II, 8, 15, II, 25, 6). De los grandes maestros del empirismo es el que menos expuesto queda a los reproches de idealismo espiritualista (G. Berkeley) o agnóstico (D. Hume).

En general, Locke afirma que todos nuestros conocimientos están fundados en ideas y que no pueden sobrepasarlas. Se trata de percibir cómo las últimas se concilian o se oponen entre sí. La tesis de Locke creo que puede ser ya enunciada con toda claridad: no existen ideas innatas en nuestra mente ni en el orden teórico ni en el práctico.

2. Las ideas. Las ideas son los contenidos de la mente humana, cualquiera que sea el tipo de los mismos. Dice Locke: "Lo que nombra la palabra "idea" es lo que sirve mejor "para nombrar lo que es objeto del entendimiento cuando un hombre piensa. Lo he empleado para exponer lo que se entiende por fantasma, noción o especie, o aquello de que se ocupa la mente cuando piensa" Introducción al Essay.

La idea es lo que la mente contempla. Es ésta una teoría representativista del conocimiento: la idea hace de intermediario entre la cosa y la mente. Representa a la cosa en la mente, y por tanto, el objeto de la mente es la idea y no (directamente) la cosa.

Ya dice posteriormente Locke: "Puesto que todo hombre es consciente de sí mismo, de que piensa; y, siendo aquello en que, al pensar, su mente se ocupa de las ideas que están allí, no hay duda de que los hombres tienen en su mente ideas diversas, como aquellas que se expresan por las palabras blancura, dureza, dulzura, pensar, movimiento, hombre, elefante, ejército, embriaguez, etc. Así, pues, lo primero que hay que averiguar es cómo llega a tenerlas".

Sea como fuere, lo que está claro es que la idea representa en la mente la existencia de una entidad externa. La verdad es que Locke no presta atención al problema, e inmediatamente comienza la crítica al innatismo.

Ninguna de las ideas es innata. Si existen principios innatos, han de estar en todos los hombres y en todas las épocas de su vida. Ninguno de ambos supuestos se cumplen en los principios especulativos, y mucho menos en los prácticos. Su no existencia en los niños, ni en los salvajes, ni en los idiotas, ni en otra mucha gente, es la prueba de ello. ¿De dónde proceden las ideas? Para mostrarlo, promete Locke, "invocaré la observación y la experiencia de cada cual", Dice Locke: "Supongamos que la mente (...) sea un papel en blanco, limpio de todo signo ("a white paper, with no character on it"). ¿Cómo llega a tener ideas?, ¿de dónde saca todo el material de la razón y del conocimiento (...), ese prodigioso cúmulo de variedad casi infinita, que la activa imaginación ha pintado en ella? Contesto con una sola palabra: de la experiencia. Este es el fundamento de todo nuestro saber, que de ella deriva en última instancia."

Esta derivación de la experiencia es posible. A ello se dedicará en su análisis psicológico. Es en el Libro II donde realmente comienza la aportación de Locke. Su investigación se va a centrar en las ideas en cuanto contenidos de la conciencia, de dónde proceden, cómo opera con ellas la razón. Nuestros sentidos: "En primer lugar, nuestros sentidos, que tienen trato con objetos sensibles particulares transmiten a la mente "percepciones" de cosas, según los variados modos en que son afectados por los objetos". Esta representación es lo que Locke llama "idea de sensación", fenómeno totalmente pasivo, considerándola como la fuente donde "se origina el mayor número de las ideas que tenemos". La reflexión, "percepción de las operaciones internas de nuestra propia mente" es la otra gran fuente. Al igual que la sensación, es un fenómeno puramente pasivo, entendiendo por tal que "el entendimiento es meramente pasivo y no está a su alcance el poseer o no esos rudimentos, o, como quien dice, esos materiales de conocimiento. Estas son las dos fuentes de conocimiento de donde parten todas las ideas que tenemos o podemos tener de manera natural" (L.II, i, 2, 164.). El conjunto de ambos es la experiencia, fundamento de donde se deriva nuestro conocimiento. Son todo el material de nuestro conocimiento. El producto inmediato de estas fuentes en la mente, son las "ideas simples", que no son, ni un principio de conocimiento o del ser (Platón) anterior a la experiencia, ni un juicio a priori (Kant), ni una exigencia del espíritu, sino que son individuales, representan la realidad e irreductibles al análisis. Son los materiales elementales con los que se construye el conocimiento. Pueden proceder de un solo sentido (luz, colores, sabor, olor, ruidos, cualidades secundarias), de diferentes sentidos (cualidades primarias, extensión, forma, figura, reposo, movimiento, unidad y pluralidad), mediante la reflexión (percepción, volición, recuerdo, disgusto) y de la reflexión y la sensación (placer, dolor, poder, sucesión), siendo producidas en nosotros por las cualidades primarias o secundarias de los cuerpos. Locke distingue entre las cualidades primarias y las secundarias. Las primeras van inseparablemente unidas a los cuerpos aun en sus partes más pequeñas (número, extensión, figura, movimiento o reposo, dureza); son los modelos (patterns) de los que la percepción nos ofrece "imágenes" (resemblances). A las segundas sólo les corresponde objetivamente la capacidad de producir en nosotros determinadas sensaciones (color, sonido, sabor, olor), que no están en los cuerpos, aunque sí están en ellos las causas de estas sensaciones.

Hay dos tipos de experiencia: externa e interna. Hay ideas de sensación e ideas de reflexión. Hay ideas simples e ideas complejas. Hay tres categorías de ideas complejas: modos (propiedades), substancias (soporte de los modos) y relaciones.

3. Relaciones entre las ideas. Hay cuatro tipos de acuerdo o desacuerdo entre ideas. Primeramente, podemos percibir que una idea dada es lo que es y no otra cosa. Es lo que denomina la identidad o la diversidad. En segundo lugar, podemos percibir las implicaciones que dimanan de ciertas ideas que son "arquetipos engendrados por el espíritu". En tercer lugar, podemos igualmente percibir que algunas ideas van siempre acompañadas por otras ideas, siempre las mismas, o que coexisten las unas con las otras: únicamente por la experiencia podemos asegurarnos de esas concomitancias y de esas coexistencias, pero, como hemos visto, no podemos saber por qué esas ideas o propiedades están siempre agrupadas. La cuarta clase de acuerdo o desacuerdo entre ideas es lo que Locke denomina "la existencia real". Quiere decir con ello que nuestras otras ideas se vinculan a la idea de existencia real. Piensa que hay existencias reales que corresponden a algunas de nuestras ideas o son responsables de las mismas.

A partir de las ideas simples, y sin que sea posible la adición de nuevo material (puesto que no lo hay), la mente puede formar "ideas complejas", que resultan de la comparación de las primeras.

Intuimos identidad y diversidad, coexistencias y conexiones en el contenido de distintas ideas simples y, con ayuda de la memoria conocemos que hay aspectos en los que las distintas ideas muestran conveniencia (agreement) o disconveniencia (disagreement). Así se forman los "universales" que recogen semejanzas entre las cosas y no una supuesta "esencia real universal".

La mente opera con las ideas simples. Ahora sí que es activa, produciendo las "ideas complejas". "Pero como la mente es totalmente pasiva en la recepcón de todas sus ideas simples, ejerce, por tanto, varios actos propios por los cuales forma, a partir de las ideas simples que utiliza como materiales y fundamento del resto, las demás". Estas ideas complejas pueden ser: modos (combinación de ideas simples sin ninguna suposición de existencia propia, y que pueden ser simples -docena, espacio, tiempo, lugar- y mixtos -belleza, robo-) sustancias (combinaciones de ideas simples que se toman para representar cosas particulares que subsisten por sí mismas) y relaciones (consideración y comparación de una idea con otra). A través del análisis de las diferentes ideas complejas, nos va exponiendo su filosofía natural.

La exposición de la sustancia (L.II, XXIII) representa uno de los momentos más conflictivos del "Essay". "Sustancia es el nombre que los filósofos han asignado a nuestra idea (compuesta) de un "soporte común" de cualidades". La sustancia como "ens", realmente existente, o como soporte de los accidentes, "per se subsistens et substans accidentibus", había recorrido toda la filosofía occidental desde Aristóteles. Si exceptuamos los nominalistas, no encontramos ningún otro momento en el que tal idea haya sido sometida a una crítica, y esto es lo que va hacer Locke. Su intención es averiguar cómo esta idea de sustancia aparece en la mente y cuál es su relación con las dos únicas fuentes que producen ideas simples, es decir, qué significa. En ningún caso intentará decir nada sobre la naturaleza de lo real. Recurriendo a la experiencia personal podemos comprobar que "encontrará que no tiene acerca de ella ninguna otra idea, sino una mera suposición de no saber qué soporte de aquellas cualidades que sean capaces de producir ideas simples en nosotros; cualidades que normalmente son llamadas accidentes". "Por lo tanto, idea que tenemos y a la que damos el nombre de sustancia, como no es nada sino el supuesto soporte, pero desconocido, de aquellas cualidades que encontramos que existen, y de las que imaginamos que no pueden subsistir sine re substante, sin nada que las soporte, denominamos a este soporte sustancia; la cual según el verdadero sentido de la palabra, significa, en nuestro idioma, lo que está debajo o lo que soporta". La mente, pues, no tiene, no recibe la información de las cualidades de los cuerpos por separado, sino que estamos acostumbrados a recibirlas unidas y "al no imaginarnos de qué manera estas ideas simples pueden subsistir por sí mismas, nos acostumbramos a suponer que existe algún substratum donde subsisten y de donde resultan; al cual, por tanto, denominados sustancia"*. *[Hume, partiendo de este razonamiento, afirmará que este hábito nos proporciona una "creencia", de la cual no podemos derivar la existencia de la sustancia. De ahí llegará al empirismo escéptico.]. Distingue en seguida, entre "sustancia en general" y "sustancia en particular", siendo la primera un substratum desconocido (ens) y la segunda las cosas particulares. Como idea compleja de la mente no presenta ningún problema, ya que no exige, aún, la existencia de algo fuera de ella. Es al separarla, cuando aparece en nosotros la noción de substratum independiente, que "es algo de lo que no tienen ninguna idea distinta, de manera que están respecto a ello en una ignorancia total y en una oscuridad absoluta", es una idea de algo que no sabemos qué es. Es algo forjado por la mente. Tal idea "no la tenemos ni la podemos tener por sensación ni por reflexión" (I, 3, 19). A partir de esta distinción, Locke, en manifiesto rechazo de las tesis de Descartes y de los materialistas, afirma que "tenemos una idea tan clara de la sustancia espiritual como de la corporal". Mantiene, pues, la cognoscibilidad de la sustancia como ens (contra escolásticos y Descartes) sin llegar a dudar de la realidad objetiva, con lo que caería en el escepticismo (Berkeley y Hume). Aunque lo que conocemos son las ideas -no las cosas-, Locke no duda de que exista un mundo real. Es un realismo crítico bastante cercano al cartesianismo. Las cosas materiales son conocidas a través de ideas. Y Locke reconoce que "tener la idea de una cosa en nuestro espíritu no prueba su existencia". (IV, 11, 1). Por tanto, la sensación no prueba, sin más, que exista la cosa sentida, con la certeza que dan la intuición o la demostración. Pero sí nos da un conocimiento suficiente. Las sensaciones no son producidas por nuestros órganos sensoriales, luego han de ser debidas a una causa exterior, una cosa real existente. Sin embargo, aunque las sensaciones (ideas de sensación) sean representaciones de cosas reales, no por ello pretende Locke que sean copias exactas de esas cosas. En conclusión: la sensación da cuenta siempre de la existencia de un cuerpo real, al cual representa en la mente. Pero no lo representa como copia exacta si la cualidad que produce esa sensación es una cualidad secundaria. Las ideas de relación plantean toda una serie de problemas (causa/efecto, identidad, generación, relaciones morales) cuyo análisis abrirá el camino que recorrerá la filosofía de la Ilustración, siendo Kant quien dará solución a muchos de los mismos.

4. Grados de certeza y razones de asentimiento. El conocimiento de la génesis de las ideas nos ilustra así sobre la última parte del propósito lockeano, que era, recordémoslo, determinar los grados de certidumbre, evidencia y alcance y las razones del asentimiento. P. ej.: La sustancia y la idea de las diferencias sustanciales son supuestos legítimos, en tanto que son inferibles de la experiencia y referibles a ésta en condiciones empíricamente determinables; pero "no tenemos una idea de lo que es [la sustancia], sólo una idea confusa, oscura, de lo que hace" (II, 13,19). Nada hay en la experiencia que nos permita conocer su posible "naturaleza fundamental" por debajo de los "accidentes" (somos perfectly ignorant on it, II, 23,2), ni siquiera nada que nos garantice su existencia.

En cuanto a la cuestión general de la "existencia real" de las cosas y el mundo, ha de afrontarse igualmente sobre la base del agreement de nuestras ideas (IV, 1,7.) Pese al subjetivismo de su método psicológico, Locke insiste en que nuestras representaciones no deben tomarse como meros contenidos de conciencia: "Si el conocimiento que tenemos de nuestras ideas acaba en ellas sin llegar más allá, cuando apuntan intencionalmente a algo exterior, nuestros pensamientos más serios no tendrían apenas más utilidad que los sueños de un cerebro desquiciado [...] que ve claramente cosas en el sueño" IV, 4, 2.

Y también: "Pero todo nombre que no sea simplemente un sonido huero ha de significar algo que, o está en la cosa a la que el nombre se aplica, y entonces es algo positivo y se considera existente en la cosa[...] o bien tiene su origen en una referencia que nuestra mente encuentra en la cosa hacia algo distinto de ésta, pero se considera simultáneamente con ésta, y entonces el nombre significa una relación." IV, 2.

Los grados de asentimiento son:

Intuición. Cuya fuerza es irresistible; se da sin esfuerzo y ofrece la mayor claridad y certeza, pues en ella la mente no hace sino constatar la conveniencia o disconveniencia entre ideas. Sólo sobre la base de ésta son posibles los restantes grados.

Demostración. Por la que la mente conoce, también la conveniencia o disconveniencia de dos ideas, pero no inmediatamente, sino a través de ideas intermedias que hay que considerar sucesivamente. El conocimiento demostrativo no es siempre claro, porque alguna de las ideas intermedias que lo hacen posible no son fácilmente evidentes.

Conocimiento sensitivo de seres particulares. Es todavía lícito llamarle "verdadero saber", pero no alcanza el grado de certidumbre de los anteriores. Afirma Locke: "Creo que el conocimiento no es sino la percepción del acuerdo y rechazo entre cualesquiera de nuestras ideas. En esto consiste solamente" (L. IV; I,2, 785).

Estas distinciones anteriormente trazadas le permiten fijar con precisión los límites de los conocimientos humanos. Tenemos, asevera, un conocimiento intuitivo de nuestra propia existencia que se manifiesta en "cada uno de los actos que son la sensación, el razonamiento o la reflexión". Nada se puede conocer con más certeza. Tenemos un conocimiento cierto y demostrativo de la existencia de Dios. La demostración depende de ciertos elementos del conocimiento intuitivo, tales como el de mi propia existencia y del principio de que un ser real no puede haber sido producido por nada. Locke insiste en probar, a partir de esto, que debe existir un "ser todopoderoso" que debe ser también un "ser cognoscente", ya que es imposible que "cosas enteramente desprovistas de conocimiento y que actúan ciegamente [...] puedan producir un ser cognoscente". Poseemos también un conocimiento sensible de las cosas extrínsecas a nosotros en el momento en que las percibimos, y la memoria nos asegura que tales cosas han existido en el pasado. Ahora bien, si el espíritu no conoce más que la relación entre nuestras ideas, ¿en qué consiste la realidad del conocimiento?, ¿cómo podremos afirmar su correlato óntico? Como podemos ver, tanto los grados del conocimiento, como el conocimiento de la existencia, tienen el límite de la experiencia (y aún no tenemos el conocimiento de toda ella), por lo que la relación lógica se hace harto difícil. El mismo Locke nos dice que "resulta vano y estúpido el que el hombre espere que todas las cosas tengan demostración". No conocemos la verdadera esencia de las cosas y no sabemos, por tanto, si el alma es esencialmente una sustancia espiritual o material. Es preciso observar que si Locke no cree, en general, que el conocimiento pueda extenderse más allá de las ideas, no considera a estas últimas como diques interpuestos entre el hombre y el mundo material, sino más bien como índices reveladores de la existencia de ese mundo y de algunas de sus propiedades. Agreguemos que, si creyó que Dios podía haber creado una materia pensante, rechazaba aquella forma de materialismo según la cual los espíritus y los pensamientos de los hombres son el resultado del juego ciego de fuerzas materiales.

Filosofía Política.

1. Introducción. Es el padre del individualismo liberal. Su principal obra es el segundo "Tratado sobre el gobierno civil" (1690), que pasa por ser la obra en la que Locke condensó lo esencial de su pensamiento político. La obra de Locke aparece en el momento más oportuno y refleja la opinión de la ascendente clase burguesa. Locke expresa el ideal de la burguesía.

2. Filosofía política. El hombre es un ser razonable y la libertad es inseparable de la felicidad. El fin de la política es la búsqueda de la felicidad que reside en la paz, la armonía y la seguridad. Así, no hay felicidad sin garantías políticas y no hay política que no deba tender a extender una felicidad razonable.

Desarrolla una teoría política del contrato: Hay un primer estado inicial de naturaleza. Tal estado de naturaleza es un estado "de perfecta libertad para ordenar sus actos y disponer de sus propiedades y de las personas que creen conveniente dentro de los límites de la ley natural, sin pedir permiso ni depender de la voluntad de ningún otro hombre" (II, 2, 4).En el estado de naturaleza los seres creados por Dios son libres: libres las tierras, animales, libres los hombres...Para los hombres, creados de forma que son capaces de conocer, de expresar su pensamiento y de trabajar, esta libertad asienta como un derecho natural (u originario), la posibilidad de disponer de su vida y sus palabras como les convenga, cazar a los animales, ocupando un territorio que trabajarán para sobrevivir. Pero el derecho implica deber; el estado de naturaleza tiene su ley que a todos obliga: nadie ha de atentar contra la vida, la salud, la libertad ni las posesiones de otro. Son iguales los unos a los otros en la medida en que no existe entre ellos ninguna diferencia natural que autorice a éste a limitar la libertad de aquél Así forman familias y proceden, según su conveniencia, a los intercambios que juzgan provechosos. En este estado, se hacen mutuas promesas a fin de regular su vida, que están obligados naturalmente a respetar, puesto que, sin ese respeto, el uso de la palabra pierde todo su significado. Deciden también crear unos signos -la moneda- gracias a los cuales los intercambios de bienes se ven facilitados. Desde ahora, ya no se contentan, sobre todo respecto a la ocupación del territorio, con los pocos acres necesarios para la supervivencia de una familia. La sociedad humana se hace más compleja y aparecen en ella riesgos cada vez más numerosos de conflicto.

3. Una doctrina de la propiedad y de la libertad. Contrariamente a Hobbes, Locke estima que el estado de naturaleza es un estado pacífico, o al menos relativamente pacífico. La naturaleza no es para él ni feroz, como para Hobbes, ni perfecta, como para Rousseau. El estado de naturaleza es un estado de hecho, una situación perfectible.

Contrariamente a Hobbes también, Locke estima que la propiedad privada existe en el estado de naturaleza, que es anterior a la sociedad civil. Esta teoría de la propiedad ocupa en Locke un destacado lugar: atestigua los orígenes burgueses de su pensamiento y contribuye a aclarar su éxito. La propiedad privada no sólo beneficia al propietario privadamente, sino a todos los hombres.

Según Locke, es el hombre "industrioso y razonable" -y no la naturaleza- quien está en el origen de casi todo lo que tiene valor. Por consiguiente, la propiedad es natural y bienhechora, no solo para el propietario, sino para el conjunto de la humanidad: "El que se apropia de una tierra mediante su trabajo no disminuye sino que aumenta los recursos comunes del género humano". La propiedad confiere la felicidad y la mayor felicidad coincide con el mayor poder: "La mayor felicidad no consiste en gozar de los mayores placeres, sino en poseer las cosas que producen los mayores placeres". De esta forma queda definido un "hedonismo capitalista".

Un individuo tiene derecho la propiedad privada de tanta tierra cuanta pueda labrar, sembrar y cultivar para aprovechar sus productos. La propiedad privada es un derecho natural tan primitivo como el derecho a la vida, a la libertad, a la salud y a la integridad.

Para garantizar la propiedad, los hombres salen del estado de naturaleza y constituyen una sociedad civil "cuyo fin principal es la conservación de la propiedad". "El gobierno -escribe también Locke- no tiene más fin que la conservación de la propiedad." "Para que se prohíba a todos los hombres invadir los derechos de otros y "para que sea observada la ley natural" que aspira a la paz y a la defensa de todo el género humano. La ejecución de esta ley, en el estado de naturaleza, se ha dejado en manos de todos los hombres [y] todo el mundo tiene derecho a castigar a los transgresores en grado suficiente para prevenir su violación"

Hay que observar que aquí Locke emplea más o menos indiferentemente -según parece- las expresiones "sociedad civil" y "gobierno". Para Locke la función del gobierno consiste menos en gobernar que en administrar y legislar.

Poder político es: "el derecho a dictar leyes, incluida la pena de muerte y, en consecuencia, todas las inferiores, para la regulación y salvaguarda de la propiedad, y a emplear la fuerza de la comunidad en la ejecución de todas las leyes y en la defensa del Estado contra agresiones del exterior, y todo ello únicamente en pro del bien público." (II Tratado, 1, 3)

Se trata de tener el poder de ejecutar la ley para que la ley sea eficaz. Hay que proteger al inocente y reprimir a los delincuentes. La constitución de un gobierno político, civil no quita a los hombres los derechos de que disfrutaban, salvo el de hacerse justicia a sí mismos.

Leyes, jueces y una policía: esto es lo que hace falta a los hombres en el estado de naturaleza y lo que les proporciona el gobierno civil. Por consiguiente, el poder político es una especie de depósito confiado por propietarios a propietarios ("political trusteeship"). La libertad del hombre en el estado civil consiste en: "no estar sometido a más poder legislativo que el establecido de común acuerdo, ni al dominio de otra voluntad ni a la limitación de más ley que la que este poder legislativo establezca de acuerdo con la confianza depositada en él" (II, 4, 22).

Los gobernantes son administradores al servicio de la comunidad; su misión consiste en asegurar el bienestar y la prosperidad.

Locke justifica sin embargo, la esclavitud, cuando alguien que puede ser reo de muerte, en vez de ejecutado es utilizado en su servicio por el ofendido, sin que por ello cometa éste delito alguno; pues, en todo caso, siempre queda al esclavo obtener la muerte al resistirse a la voluntad de su amo si considera que las penalidades de su esclavitud superan el valor de la vida.

4. La sociedad civil, el pacto constitutivo. Dice Locke que Dios: "impuso al hombre obligaciones, necesidades y conveniencias lo bastante fuertes para inclinarle a vivir en sociedad y le dotó de entendimiento y lenguaje para gozar de ésta y perpetuarla." (II Tratado, 7, 77).

La primera sociedad fue entre hombre y mujer (que implica derechos recíprocos encaminados a la procreación y una comunidad de intereses; la siguió la de padres e hijos y, con el tiempo, la de amos y sirvientes.

Los conflictos más notorios y perjudiciales tienen como origen los atentados contra el derecho que tiene cada uno a disponer de su vida, de apropiarse de los bienes libres y de exigir el respeto de los compromisos contraídos. Sin duda, aquél cuyos derechos han sido lesionados puede castigar legítimamente al culpable, obligándole a reparar el daño. Pero, además de que este procedimiento corre el riesgo de engendrar una secuencia indefinida de violencias, es, empíricamente inaplicable; como apunta Locke, los ladrones y delincuentes son, en general, más robustos y astutos que el común de los propietarios. Conviene, pues, que aquellos que quieren la plena realización de los principios del derecho natural, es decir, el libre desarrollo de cada uno, formen sociedad y establezcan una instancia cuyo fin sea organizar la sociedad según reglas comunes, y utilizar los medios convenientes para hacerlas aplicar.

Los propietarios -no siendo la propiedad de las tierras, herramientas o capital, a ojos de Locke, más que una extensión natural de la libre disposición que el hombre tiene de su cuerpo y de su actividad, es decir, de su trabajo- se reúnen y se entienden para definir el poder público encargado de realizar el derecho natural. Ese poder es soberano, en tanto que los que lo han instituido, y mientras obre según sus fines, están obligados a obedecerlo y prestarle apoyo. Sus tareas son de tres clases: como legislador, fija las reglas de ejercicio de la soberanía -las leyes orgánicas del Estado o su constitución- y define las leyes que rigen el derecho público y privado, con la perspectiva de aplicar los derechos de naturaleza a las particularidades empíricas de la sociedad, juzga y sanciona las faltas contra la ley, esforzándose por hacer reinar el orden y la justicia derivadas de los propios derechos de naturaleza, requiriendo la fuerza pública para que las sanciones sean efectivas y los daños reparados; como gobernante toma las decisiones sobre la guerra y la paz, y la administración, que exigen la salvaguardia de la colectividad, la seguridad de los ciudadanos y la protección de sus libres actividades.

Todos los hombres son libres, iguales e independientes por naturaleza, y nadie puede ser privado de esa condición ni sometido a un poder político sin su consentimiento. Pero cuando un número de personas se avienen a formar una comunidad o gobierno, pasan a constituir un cuerpo político en el que es la mayoría quien tiene derecho a actuar y decidir.

"Lo que origina y constituye de hecho una sociedad política no es sino el consentimiento de un número de hombres libres capaces de formar una mayoría [...]. Esto y sólo esto es lo que da o podría dar origen a cualquier gobierno legítimo".

El pacto de institución del poder público, del Estado, es bien diferente del que establecía Hobbes. Hobbes lo concibe como un despojamiento completo que obliga a los sujetos y no implica ninguna obligación por parte del Estado. Locke se distingue en esto, porque, según él, la sociedad como tal -en el estado de naturaleza- posee la capacidad de organizarse armoniosamente, sin necesidad de recurrir al orden político. Lo que obliga a instaurarlo es la impotencia a la que se ve reducida tal sociedad cuando su orden natural es amenazado por enemigos interiores y exteriores. Los derechos naturales se ven privados de su fuerza: es indispensable constituir un poder que los enuncie y formalice -que les dé fuerza de ley- y que imponga su efectividad mediante la coerción.

5. El poder y poderes en el Estado según Locke.  El principio del Estado es, pues, necesario con su aparato legislativo, judicial, policial y militar, pero es una fórmula vacía. Los ciudadanos propietarios deciden sobre la naturaleza del cuerpo legislativo y del gobierno, así como aquellos de entre ellos a quienes otorgan su confianza para desempeñar tales tareas. Por lo tanto, el régimen depende de ellos, durante tanto tiempo como el que sea capaz de servir al bien público.

El poder supremo es entonces el legislativo. Lo esencial es el hacer leyes; y las leyes no pueden ocasionar perjuicio a los propietarios. "El poder de la sociedad o el poder legislativo no podrá nunca extenderse más allá de lo necesario para el bien común". El poder legislativo es el más importante, pues tiene que hacer leyes a las que todos estarán sometidos. Es el poder supremo del Estado, algo sagrado e inalterable. Deberá legislar igual para todos. Por otra parte, para la aplicación de la justicia harán falta, además de leyes fijas e iguales, jueces reconocidos y autorizados que den a la interpretación de la ley la imparcialidad que no tendrían los apasionados por las disputas de intereses. El poder legislativo tendrá pues:

* Por origen: la necesidad de conservar la libertad y la propiedad de los miembros de la comunidad.

* Como dignidad: el poder supremo del Estado.

* Como exigencias: Legislar igual para todos, sin exención de miembro alguno de la comunidad.

-Buscar el bien común en el respeto al derecho de todos a la vida y a la propiedad.

La prerrogativa del ejecutivo está limitada de la forma más precisa. Es un "poder confiado al príncipe para que provea al bien público en los casos que dependen de circunstancias imprevistas e indeterminadas y que no se pueden, por este hecho, reglar, en forma segura, por leyes fijas e inmutables."El poder ejecutivo y el poder legislativo no deben estar reunidos en las mismas manos, pero el poder legislativo es superior al ejecutivo. Es "el alma que da vida, forma y unidad al Estado."

Pero el poder del legislativo no es indefinido; se encuentra limitado por los derechos naturales. Así, todo poder, para ser político, debe ser, ante todo, justo. Para Locke, como para Kant, el problema del poder se reduce a un problema moral.

6. Las garantías políticas de la sagrada propiedad. Además "el poder político no puede tomar a nadie parte de su propiedad sin su consentimiento [pues] la salvaguarda de la propiedad es el fin de un gobierno y la razón por la cual los hombres entran en sociedad."

Tiene que haber impuestos para costear los gastos estatales: "Es cierto que los gobiernos no pueden mantenerse sin grandes gastos y es bueno que quien se beneficia de la protección del Estado pague la parte que le corresponda para ayudar a mantenerlo."

Por último, el poder legislativo no puede transferir la facultad de promulgar leyes pues el pueblo le ha otorgado al legislativo el poder de hacer leyes.

Las leyes exigen una ejecución y una observancia perpetua. Es necesario que haya otro poder que de ello se ocupe. Es el poder ejecutivo y Locke lo distingue de un tercero que se llama federativo, encargado de representar a la comunidad frente a las demás y ante los individuos ajenos a ella, y que es el competente para decidir las alianzas, la guerra y la paz, y las transacciones internacionales.

Estos poderes son distintos, porque el uno comprende la ejecución de las leyes internas y el otro se ocupa de la seguridad y de los intereses públicos en el exterior; pero casi siempre van unidos y difícilmente se podrán separar; en consecuencia, si recayeran en personas que pudieran actuar por separado, llevarían más pronto o más tarde al desorden y la ruina.

Naturalmente, todos los poderes dependen de la voluntad de los ciudadanos, lo mismo que el legislativo, pues dependen de éste; y sólo aquella voluntad los justifica. Y el poder ejecutivo debe dar cuenta de sus decisiones al legislativo: "Mientras el gobierno subsiste, el poder supremo es el legislativo, porque quien puede imponer leyes a otro ha de ser, por fuerza, superior."

Es así incluso donde el poder legislativo no es permanente y sí lo es la persona que encabeza el ejecutivo, puesto que si ésta viola la ley ya no tiene ningún derecho a ser obedecida. Esa persona es solamente el símbolo, la imagen o representante del Estado, que actúa por voluntad de la sociedad, tal como declaran las leyes y no tiene, pues, otra voluntad ni otro poder que los de la ley. La monarquía constitucional ha quedado definida; lo contrario no es sino tiranía y usurpación de poder.

Si los legisladores son elegidos para un determinado período de tiempo, según Locke estima conveniente, el poder de elección ha de ser siempre ejercido por el pueblo, sea en épocas determinadas o cuando fuera convocado. La potestad de convocar corresponde al ejecutivo, que lo hace a intervalos prefijados en la constitución.

6. La rebelión como resistencia a la agresión del poder. ¿Y si el Estado faltase a su misión y contraviniese los derechos naturales? Si las normas son violadas por la fuerza, el que así procede se pone en estado de guerra con el pueblo, y éste tendrá derecho a destituirle. "En todos los estados y condiciones, el auténtico remedio contra la fuerza ejercida sin autorización es la fuerza misma." Si bien la fuerza sólo puede oponerse a la fuerza cuando ésta es injusta e ilegal: "Todo el que hace uso de la fuerza sin tener derecho a ello [...] se pone en estado de guerra con aquellos contra los cuales lo ha hecho. Una vez en este estado, todos los vínculos anteriores desaparecen y pierde vigencia cualquier derecho que no sea el de autodefensa y el de ofrecer resistencia al agresor." Si el poder perjudica a los derechos naturales, especialmente a la libertad y a la propiedad, Locke reconoce a los gobernados el derecho a sublevarse. Entonces, los ciudadanos tendrían el deber de desencadenar la "insurrección sagrada" y dotarse de unos gobernantes decididos a hacer del Estado un poder al servicio de las libertades inherentes a cada individuo. Pero el derecho de resistencia de Locke es muy diferente de la teoría calvinista que descansa en la soberanía popular. No es tanto rebelión como resistencia a la rebelión de los gobernantes frente a la ley y a la naturaleza misma de la sociedad civil; y siempre que la sublevación sea para defender o restaurar el orden establecido. El empleo por parte de Locke del derecho de resistencia no tiende a realizar las aspiraciones populares, sino a defender o a restaurar el orden establecido. La teoría de Locke es de inspiración conservadora; el reconocimiento del derecho de resistencia es un medio para hacer reflexionar al príncipe y para hacerle respetar la legalidad. Permite alejar el peligro de una revuelta popular, pero no constituye en absoluto una invitación a la sublevación. En definitiva, el derecho de resistencia es para Locke un llamamiento a la prudencia y al compromiso. Y ¿quién habrá de juzgar si el monarca o el poder legislativo actúan contrariamente a su cometido? “Mi respuesta es, -dice Locke-, que el juez será el pueblo”.

David Hume (1711-1776). Obras: “Tratado sobre la naturaleza humana” 1738 e “investigaciones sobre el entendimiento humano” 1748

El conocimiento.

·         Impresiones e ideas

Hume sigue los planteamientos de Locke, llevando al último extremo las consecuencias de tomar solo como válido nuestras percepciones de las cosas; critica la noción de Locke de idea porque le parece vaga e imprecisa.

El conocimiento para él es percepción, que las diferencia según su intensidad. Cuando son muy fuertes y muy vivas (observación directa de un objeto o fenómeno) la percepción es mucho más intensa que cuando recordamos ese objeto o fenómeno. En el primer caso Hume lo denomina impresiones y en el segundo ideas.

Hume llega a unos planteamientos escépticos puesto que todo, la realidad, tiene que tener que acabar reduciéndose a una colección de percepciones unidas por la imaginación.

Orden y conexión de las ideas.

Todos los conocimientos aparecen ante nosotros con orden y regularidad, esto se debe a que existen unos principios de conocimiento entre los que Hume señala tres como los más importantes:

Semejanza: hace que busquemos la regularidad porque cosas que son iguales deben responder de la misma manera. Buscamos todas las similitudes entre las diferentes cosas que aparecen ante nuestras percepciones.

Contigüidad espacio temporal: hace que relacionemos fenómenos distintos que por lo que sea van unidos en el mismo sitio o que se da uno antes que el otro independientemente de cuál es uno y cual es otro

Causalidad: Hume dedica mucho espacio al análisis de este principio, entiende que hay una tendencia en todos los humanos a buscar las causas de todos los fenómenos.

A partir de estos tres principios, distingue dos tipos de conocimientos:

Relaciones entre ideas = verdades de razón. Leibeniz. Están regidas por el principio de semejanza. Son las propias de la lengua y las matemáticas.

Conocimiento de los hechos = verdades de hecho. Leibniz.

Critica de Hume a la noción de causa. Hume es muy crítico con esta noción, que analiza que analiza las relaciones entre fenómenos. Reduciendo todo el proceso causal a impresiones e ideas deduce que de las impresiones solo podemos ver dos fenómenos que se suceden en el tiempo, por ejemplo una bola de billar avanza, choca con otra, la segunda se mueve. De los fenómenos no podemos sacar nada más que eso, nada garantiza que necesariamente el segundo movimiento esté causado por el primero ni podemos afirmar que siempre que hagamos ese movimiento el resultado sea el movimiento de la segunda bola.

Hume cree que la causalidad no es una ley de los fenómenos si no de nuestro entendimiento y que por su puesto es muy importante para nuestra comprensión del mundo. Pero no se pude deducir como hacían los racionalistas, que sea una ley que podamos demostrar con claridad puesto que se basa solo en los fenómenos y de estos solo se puede deducir proximidades espaciales o temporales.

Critica a la metafísica racionalista. Para Hume el fundamento de la causalidad está en la noción de creencia más que la de conocimiento, porque no podemos afirmar como van a ser los acontecimientos futuros, solo tenemos una creencia basándonos en lo que ha sucedido hasta entonces.

El hábito y la costumbre es una operación de la mente que funciona como una especie de instinto y produce en nosotros la creencia en la regularidad de los fenómenos.

La causalidad es una idea que no tiene un referente sensorial y que se origina de manera espontánea cuando vemos sucederse varias veces dos fenómenos.

Critica a la metafísica racionalista. Hume se dedica a destrozar los fundamentos de los que ha sido la metafísica racionalista, atacando sobre todo las ideas más importantes en que se funda esta filosofía: sustancia, dios, identidad personal y existencia de un mundo externo. La crítica se basa fundamentalmente en que son ideas abstractas que no se corresponden a fenómenos observables.

Crítica a la noción de sustancia: para Hume solo existe una colección de ideas simples porque no hay ninguna impresión de lo que es la sustancia en si; y es nuestra imaginación lo que introduce una relación de identidad ante las diferentes percepciones que tenemos de una misma cosa.

Crítica a la noción de Dios: Hume interpreta que Dios es una proyección de nuestras propias capacidades mentales. La idea de Dios significa u ser infinitamente inteligente, sabio, bueno, que son capacidades humanas que se proyectan al límite y que nos sirven para mejorar. Hume niega la posibilidad de probar la existencia de Dios por que como cualquier otra sustancia carece de impresiones de las que puede deducirse.

Crítica a la identidad personal: todos nosotros tenemos un convencimiento de nuestra propia identidad, pero para Hume esa conciencia viene de percepciones pasadas asociadas por continuidad y semejanza. Pero no hay ninguna percepción del “yo”, si no otro tipo de percepciones (nos oímos) que luego asociamos con la imaginación.

Crítica a la noción de mundo externo: para Hume la afirmación de cuerpos externos a nuestras percepciones la han hecho los diversos filósofos por inferencia causal: los objetos son causa de las impresiones. Para Hume esto no es válido porque no relaciona una impresión con otra sino una impresión con algo que va mas allá de las impresiones, por eso no se puede demostrar. En nuestra memoria y nuestra imaginación las que se encargan de darnos una noción de que existen objetos externos semejantes a los de nuestras impresiones

Todo esto lleva a Hume al escepticismo al fenomenismo, porque al tener solo en cuenta las impresiones la realidad se reduce a fenómenos sin conexiones (necesidad, causalidad).

Critica de Hume. Para él la ética se basa en los sentimientos; el bien y el mal no se describen a través de razonamientos si no por el sentimiento que producen en nuestro interior.

Hume cree que somos egoístas por naturaleza pero al mismo tiempo tenemos aspectos altruistas como la alegría por el bien ajeno y la identificación con su dolor. El centro de la moral lo encontramos en esos sentimientos de empatía que nos ayuda a corregir el egoísmo de buscar nuestra propia utilidad. Hume descarta que podamos razonar para demostrar si una acción es buena o mala, lo que ocurre es que ante una actitud se despiertan en nosotros determinados sentimientos de aceptación o repulsión que no son producto de argumentaciones racionales.

George Berkeley (12 de Marzo 1685 en Dysert Castle, Irlanda- 14 de Enero 1753 en Oxford, Inglaterra). Filosofo y obispo quién realizó escritos en 1734: The Analyst,afirma que el mundo es expresión del acto de percibir, por ende los seres sólo existen en la medida en que son percibidos. Afirma que toda idea tiene un origen vivencial y no pueden trasladar al hombre a un plano metafísico (Berkeley 1990).

La crítica de Berkeley, tanto a los principios del nuevo algoritmo como a las demostraciones que los matemáticos empleaban en él, no dejo de causar impresión y su influencia se hizo sentir en forma más o menos visible en los matemáticos ingleses de entonces. Si esa crítica era inobjetable la teoría de "compensación de errores" en que se embarcó Berkeley, impresionado sin duda por la aparente paradoja de que, fundándose en principios y demostraciones tan deleznables, los nuevos métodos condujeran a resultados exactos, como lo comprobaba la mecánica newtoniana.

Consideraba que el mundo externo es expresión del acto de percibir. El ser sólo existe en el acto de ser percibido. En última instancia, toda realidad tiene su existencia en la idea que Dios tiene de las cosas. Mediante este sistema, Berkeley intentaba refutar el materialismo. Sus obras más conocidas: "Tratado sobre el principio del conocimiento humano", "Diálogos entre Hilas y Filón".

Atacó directamente la idea de sustancia extensa y de materia. Descubrió en todas las ideas el mismo carácter vivencial que no pueden sacar a hombre de si mismo y trasladarlo a una región metafísica, en sí y por si.

El Círculo de Viena. (Web: es.encarta.msn.com). Filósofos y científicos que llegaron a constituir una importante escuela de pensamiento en el ámbito de la filosofía occidental contemporánea a partir de las reuniones que, de forma periódica, celebraron en el entorno de la Universidad de Viena durante las décadas de 1920 y 1930. Sus miembros propusieron un controvertido concepto de la filosofía de la ciencia e iniciaron un movimiento que recibió el nombre de positivismo lógico.

Iniciado por el matemático Hans Hahn y por el filósofo Moritz Schlick, incluía también a Rudolf Carnap, Herbert Feigl, Philipp Frank, Viktor Kraft, Otto Neurath y Fiedrich Waismann, y contaba con asociados como Kurt Gödel, Karl Mengel y Edgar Zilsel. Las actividades del Círculo se redujeron a encuentros privados hasta 1929, año en que comenzaron a publicar una serie de monografías y a colaborar con la Sociedad Berlinesa de Filosofía Empírica (que incluía entre sus filas a Hans Reichenbach y a Carl Gustav Hempel) en la organización de conferencias internacionales y en la edición de la revista Erkenntnis (Conocimiento). Pese a la muerte y el exilio de varios de sus principales integrantes desde 1934, el Círculo de Viena no se extinguió. La incesante revisión y refinamiento de sus tesis primitivas, efectuadas por parte de exiliados y de colaboradores, condujo a que el positivismo lógico influyera poderosamente en el desarrollo de la filosofía analítica, al precio de sufrir en ocasiones notables distorsiones de sus ideas originales.

Los autores que más influyeron en sus tesis, en lo relativo a la ciencia empírica, fueron Ernst Mach, Henri Poincaré, Pierre Duhem y Albert Einstein. Por lo que se refiere a la ciencia formal, el Círculo bebió de Gottlob Frege, David Hilbert, el primer Ludwig Wittgenstein (el del Tractatus logico-philosophicus, 1921), Bertrand Russell y Alfred North Whitehead (muy especialmente, de la obra conjunta de estos dos últimos: Principia Mathematica, 1910-1913).

El Círculo se opuso a los neokantianos y a los idealismos alemán y católico. Sorprendentemente, rechazaba la necesidad de la metafísica y de una epistemología que tomaba prestada la justificación del conocimiento científico de cualquier otro campo más allá de la misma ciencia. Según sus miembros, un criterio de significado empírico como el “principio de verificación” (que requería el axioma de ser empírica o analíticamente verificable) se presentaría como un conocimiento científico y a la vez eliminaría la metafísica por innecesaria. Igualmente, quitaron su base cognitiva a las normas incondicionales. Los críticos preguntaron qué significaba entonces tal criterio. La sugerencia de Carnap de que representa no un descubrimiento sino una convención, una propuesta para un uso científico futuro, merece ser tenida en cuenta, porque amplía el “sesgo lingüístico” del Círculo, según el cual la filosofía se ocupa de la forma de representar más que de la naturaleza de lo representado.

Dado que nunca se alcanzó una formalización satisfactoria de un criterio de significado, debe notarse, sin embargo, que el Círculo de Viena no fue un movimiento filosófico monolítico, formalista o necesariamente reduccionista. En su tiempo, fue una voz minoritaria. La dimensión sociopolítica de sus teorías (señalada por Neurath), como una renovación de la ilustración contra la marea creciente del fascismo, ha ganado reconocimiento en la actualidad. Después de la celebrada “muerte” del reduccionista positivismo lógico durante la década de 1960, el Círculo de Viena histórico emerge, revelando corrientes de razonamiento importantes para el postpositivismo.

En este punto es importante hacer mención a Inmanuel Kant quien plantearía una crítica a ambas escuelas epistemológicas, afirmando que si bien todo conocimiento empieza por la experiencia, no todo conocimiento procede de ella. Establece la existencia de ciertas estructuras en los sujetos que hacen posible el conocimiento, éstas son previas a toda experiencia y son iguales en todos los sujetos, afirma que el error de la metafísica está en buscar lo incondicionado usando las categorías más allá de la experiencia. Esta escuela filosófica recibe el nombre de Criticismo.

 

DIFERENCIAS ENTRE RACIONALISMO Y EMPIRISMO

EMPIRISMO

RACIONALISMO

Estudia los hechos y experiencias.

La fuente principal y prueba última del conocimiento  es la percepción, intuición en fin los sentidos.

Niega la posibilidad de ideas espontáneas.

Doctrina que afirma que todo conocimiento se basa en la experiencia.

Resalta el sentido de la experiencia sobre todo el sentido de la percepción.

Requiere de la observación (sentidos) para dar certeza de su conocimiento.

Verifica, confirma o niega una hipótesis.

Lo que determina si los conocimientos son validos o no, está en la forma como los construyamos.

John Locke, David Hume, Bekerley  y Francis Bacon.

Estudia los entes abstractos que solo existen en la mente humana. (concepto de #)

La principal fuente y prueba final del conocimiento (razonamiento deductivo), basado en principios evidentes y axiomas (principio básico que es asumido como verdadero sin demostración alguna).

Afirma que la Mente es capaz de reconocer la realidad mediante su capacidad de razonar.

Sistema de pensamiento que acentúa el papel de la razón en la adquisición del conocimiento.

Se expresa por medio de conceptos lógicos y sistemáticos que al agruparse forman teorías.

Demuestran o prueban.

El conocimiento llega luego de dudar y hallar un principio evidente por una verdad clara y distinta.

Spinoza, Leibniz, descartes.

·      John Locke: Todo conocimiento es empírico y pasa por los sentidos. “EL ALMA es una tabla rasa”

El universo es idéntico a Dios, que es la 'sustancia' incausada de todas las cosas.

·      David Hume: El conocimiento humano se compone de impresiones sensibles y de ideas, que se forman a partir de los datos de los sentidos. No podemos ir, pues, más allá de lo que nos aportan los sentidos, y la existencia y verdad de las ideas resultan injustificables para nosotros.

Niega la realidad de toda sustancia, solo conocemos fenómenos.

·      George Berkeley: Todo lo que es percibido por los sentidos es Real.

Solo conocemos lo que podemos ver, tocar, oler; las percepciones

*confunde lo real con la percepción.

       Aristóteles: La mente al nacer es "tamquam tabula rasa", en la que nada hay escrito.

El conocimiento comienza en los sentidos, como nos demuestra la experiencia. Las captaciones de los sentidos son aprehendidas por el intelecto pasivo, en forma de imágenes o fantasmas

·     Descartes: *Extensa: el Cuerpo *Pensante: el Alma. *Divina: DIOS

LA RAZON  analiza y  establece principios. LOS SENTIDOS en algún momento nos engañan.

·      Blas Pascal: La intuición, el sentimiento, método Razón y  Corazón: Certeza-Realidad.

·      Leibniz: Ideas innatas no se necesita experiencia, el conocimiento se da por necesidad (esencia de las cosas) contingente (tiempo y espacio.

Alma: impresas razones origina verdades de razón, evidentes monadas armonía preestablecida.

·      Spinoza: Panteísmo: DIOS está en todas partes.

No podemos conocer a DIOS en su totalidad solo conocemos sus atributos.

Platón: “Cuerpo cárcel del alma.”

Cuerpo =  mundo sensible

 El alma = mundo inteligible

Conocemos solo cuando el alma sale del cuerpo, es decir cuando muere.

 

Fuente: Yennyfer Téllez Marín “Empirismo VS. Racionalismo”. Web: monografías.com

 
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